¿Quién soy?



Soy Marisa, mamá y profesora.  La mezcla de ambas, más las situaciones que la vida me planteó, me llevaron a especializarme en necesidades educativas especiales, inclusión y espectro autista.  Mm… bastante amplio, ¿no? Bueno, es que, a mi modo de ver, todo lo que está fuera de los rígidos límites de la educación actual,  aquellos chicos y chicas que no encajan en las prácticas del aula a la velocidad de la programación prevista, terminan teniendo que manejar a tempranas edades dificultades emocionales debido a las frustraciones que deben enfrentar en su día a día, por lo que cada vez nos encontramos con más casos de depresión infantil y adolescente.

La vida en este siglo XXI es realmente acelerada;  parece una carrera para ser los mejores y llegar más rápido a la perfección (cuando deberíamos enfocarnos en vivir en paz y armonía con nosotros mismos…),  la información se mueve a velocidades nunca antes vistas, pero no todos los cerebros fueron "cableados" para seguir este ritmo o aprender de las mismas formas.

Hace 12 años uno de mis hijos  fue diagnosticado con Asperger, un TEA. En ese momento, no tenía conocimientos al respecto, porque en la facultad de educación no te enseñan realmente lo que es tratar con niños que estén fuera de los esquemas de la mayoría. Pero el criterio me hacía ver que si yo no me especializaba y aprendía por mi cuenta, mi hijo no sería criado ni instruido como yo quería que lo fuera. No llegaría a ser ese adulto autónomo y feliz que yo quería que fuera, porque las rutas que sugerían no me convencían.  Escuché mucho comentarios como “tu hijo jamás podrá… hablar inglés, …leer correctamente...", y un sin fin de jamases.   Mi personalidad vehemente (que hasta ese momento había sido vista siempre como un defecto…) salió a relucir y descubrí no sólo mi capacidad de investigación sino también la creatividad que tenía adentro!!!

Desde tener que aprender a manejar las emociones propias que conlleva convivir con un niño distinto, aceptando de corazón que era yo quien tenía que hacer cambios en mi forma de entenderlo, de criarlo y de enseñarle, así como que era yo quien debía manejar mis propias frustraciones,  fueron las pautas que me llevaron a lo que hago el día de hoy  desde hace 10 años y que me llena de satisfacciones.

Tuve que idear las formas más increíbles para lograr que mi hijo aprendiera dentro de la educación regular, siendo un chico que aprendía diferente.  Me dí cuenta que los niños con problemas de aprendizaje no son los únicos que tienen el problema, sino también el sistema educativo de los colegios, y  algunas maestras a quienes no se les hace fácil adaptarse a ellos.  Tienen déficits, si claro, los tienen en comparación con el resto, pero por qué tener que enseñarles por las mismas rutas, exigirles lo mismo sin darnos cuenta que cada uno es un mundo y que cada uno tiene taaanto que aportar siendo como es.

En todo este tiempo he  trabajado uno a uno con más de 180 chicos y chicas, acompañando a sus padres y dándoles estrategias de ayuda.   Trabajo con chicos con diversas dificultades desde pre-kinder hasta 11vo grado, incluso he acompañado a una alumna en su primer año de universidad. Trabajamos todos los cursos, cada uno por distintas rutas, distintas estrategias, en inglés y/o en español. 

Cuando mis alumnos/as me han escrito tarjetas, noto una constante en el siguiente mensaje: “Gracias por enseñarme a creer en mí”.  Y estoy convencida  que la base de la felicidad en las personas es creer en sí mismas, en sus posibilidades de lograr cuanto se propongan y estar bien consigo mismas.  Casi el 100% de mis chicos llegan con la autoestima en el piso, llenos de frustraciones por no sentirse "capaces de", lo que ha generado problemas emocionales que en la medida en que empezaron a sentirse bien consigo mismos, sus situaciones empezaron a cambiar. Hubo un papá que 6 meses después de trabajar con su hija, me dijo: “Ya sonríe y me abraza como antes”.

Trabajo con chicos Aspies, muchos otros con dislexia y otras dificultades de aprendizaje, trastorno pragmático de comunicación, y varios sin diagnóstico que también necesitan soporte. ¿La clave del asunto? Identificar concretamente en cada uno sus rutas de aprendizaje, utilizar  herramientas alternativas y  enseñárselas a ellos mismos.  De esta manera van aprendiendo a conocerse y a entender que está bien hacer las cosas de manera distinta que el resto.  Que no hay un sólo camino, y que puede tomarle un poco más de tiempo y qué sólo deben compararse consigo mismos.  Es importante involucrarlos en su propio crecimiento y aprendizaje, que entiendan por qué se les hace complicado, cómo funcionan sus cerebros y que el salir adelante está en ellos, sacando a relucir sus fortalezas y trabajando sobre ellas.

Lo que me motiva a escribir este blog es porque creo que estamos en la vida para compartir, y lo que aprendí inicialmente por mi hijo y luego por mis alumnos puede también facilitarle la vida a muchos más niños, padres y profesores de los que yo puedo atender personalmente.  Iré escribiendo sobre todos los aspectos que están comprometidos en los niños para quienes aprender se les hace tedioso y complicado, porque en mayor o menor grado, en distintas combinaciones, suelen ser parecidos tanto los obstáculos con los que uno se encuentra como las soluciones.

La idea surgió cuando la mamá de una niña con la que trabajo hace muchos años me pidió que observara a su otra hija para entender por qué le costaba tanto aprender un tema concreto y darle tips de cómo poder ayudarla en casa con  que se le hacia complicado.  Le dí algunas sugerencias y ella las aplicó en casa, logrando ayudarla a avanzar.

Si tienes dudas concretas, dificultades que parecen imposibles, plantéalas y trataré de dar respuesta y también estarás ayudando a otros que tal vez necesitan la misma información. Lo que funciona con unos no necesariamente  funciona con otros, pero que hay un camino para cada uno, eso es un hecho y solo hay que encontrarlo!


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